lunes, 16 de octubre de 2017

Pestilencias dieciochescas (Anacreonte doesn't leave here)

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Como estamos viendo el en aula, la poesía ilustrada que no es didáctica (fábulas de Iriarte o Samaniego) celebra los placeres sensoriales y tiene como principal representante en castellano a Juan Meléndez Valdés.

Sin embargo, ni la higiene personal ni la planificación urbana de aquella época permitían a menudo disfrutar de un aire respirable. Desde el principio de su novela "El perfume", Patrick Süskind nos detalla el grado de pestilencia que había que soportar en un simple paseo por una ciudad como París:
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"En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitoiros, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre; las curtidurías, a lejías cáusticas; los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo; el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de la vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor. [...]"

Si quieres acompañar a J.B. Grenouille (= J.B. Rana) en su viaje criminal para lograr un perfume capaz de subyugar a quien lo oliera, puedes recorrer esta obra como lectura trimestral.

Recordad imprimir o fotocopiar los ejercicios sobre la literatura española del XVIII que aparecen en la nueva pestaña 4º ESO.

Feliz semana.

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