martes, 22 de noviembre de 2016

Emilia Pardo Bazán: después del Romanticismo el Realismo se vuelve natural.

Con ocasión de una entrevista, a uno de los autores que estudiaremos durante nuestro viaje al siglo XIX le preguntaron por el estado de la literatura y el periodismo español en aquel tiempo. La respuesta queda para la antología del ingenio elegante: "La literatura no se lee... y los periódicos no hay quien los lea." - respondió lapidario.

Una vez más, el siglo de la Spinning Jenny, se parece demasiado a nuestra época de verdades inverosímiles, lectura escasa y unos medios de comunicación que a veces parecen más decididos a inventar la realidad que a mejorarla reflejándola con veracidad y explicándola con inteligencia.

La historia nunca se repite, aunque a menudo nos cree esa sensación de girar como una rueda para hamsters, con nosotros dentro corriendo sin avanzar, como una máquina de hilar que reproduce industrialmente el mismo tejido o como una rotativa que imprime una y otra vez la misma página.

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De todos modos, y aunque las buenas noticias no suelan ser noticia, leer periódicos siempre es mucho más interesante que no leerlos, así que aquí tenéis una magnífica página para acceder en un clic a las principales cabeceras del mundo, porque puestos a leer prensa, escuchar voces plurales suele dar una imagen no necesariamente más nítida de la realidad pero sí permite comparar cómo se extraen hechos y datos, se enfoca su importancia, se ordena el relato (noticia, reportaje, crónica...) y, finalmente, se transmite o, en los peores casos, se inventa. Porque el informativo, no conviene olvidarlo, aunque debería ser como un espejo colocado a lo largo del camino, no deja de ser una modalidad del discurso narrativo, como el cuento o la novela, y los canales de la realidad y la ficción, como aclararon los realistas, son vasos comunicantes de la misma vena de tinta.

Mientras en clase, de viaje por el siglo XIX, seguimos estudiando el Romanticismo y sus obras principales,(h)ojeando varios periódicos he encontrado la noticia de un estreno teatral relacionado con una de las heroínas literarias de la segunda mitad del XIX y los primeros años del XX. 
Se trata de doña Emilia Pardo Bazán, una figura que fue grande en su época pero cuyo tamaño intelectual y literario no deja de crecer con el paso del tiempo hasta instalarse definitivamente entre los clásicos indiscutidos (y, aunque parezca increíble, leídos) de la literatura escrita en nuestra lengua global. Como este viaje al siglo XIX es desde el futuro, no me ha parecido raro llegar antes a sus años finales que a sus inicios románticos y aprovecharé el encuentro para presentar su figura y presentar la literatura de su tiempo. 
Archivo:Emilia Pardo Bazán, en Actualidades.jpg
Novelista, periodista, ensayista, crítica literaria, poeta, dramaturga, traductora, editora, catedrática y conferenciante, fue además introductora del naturalismo en España. Demasiados títulos de honor como para no detenerse siquiera un rato a conocer la vida y obras de esta mujer que prefirió trabajar duro contra las rutinas sociales de su época para ser todo eso en vez de conformarse con, desde su condición de condesa, vivir su decadencia personal en paralelo a la del país, cuyo reflejo habéis podido leer en su cuento "La exangüe".



Emilia Pardo Bazán prefirió aprovechar las oportunidades de formación y trabajo que le ofrecía su condición aristocrática (con todo relativamente escasas por su condición de mujer) para, como Lev Tolstoi, otro conde literato y uno de sus referentes, emprender una labor intelectual perdurable. Contra la costumbre de su clase social, contra el machismo feroz de aquel siglo, contra el viento y las mareas de la historia, doña Emilia se alió con el proyecto cultural de la burguesía liberal del momento, acorralada por una aristocracia absentista, una burguesía provinciana cada vez más conservadora y un proletariado que, privado de formación, empieza a reivindicar su dignidad y sus derechos con las escasas herramientas intelectuales y materiales a su alcance. 


Además de Tolstoi, Dostoyevski, Gontcharov y otros autores eslavos, Emilia Pardo Bazán tuvo como referente literario en su juventud a Benito Pérez Galdós. Veía en su prolífica imaginación y en su aguda mirada a la realidad española del momento la única personalidad capaz de crear un mundo literario como los de Shakespeare o Dickens. En una pirueta biográfica, Galdós se convertiría en su gran interlocutor literario, su amigo, su amante y, finalmente, el autor en el que quizá más influyó Pardo Bazán.

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(Vaya, otra vez este tipo raro disfrazado de psychobilly rocker...)

Durante sus primeras épocas, Galdós era un escritor de novelas de tesis al que ella, siempre desde la admiración, reprochaba el excesivo maniqueísmo de sus obras y las limitaciones literarias que ese molde imponía a la novela. No era una crítica vacía ni falta de sentido, ya que si algo destaca en toda la obra de nuestra heroína es una capacidad de penetración psicológica (hoy se llamaría inteligencia emocional) fuera de lo común y que la emparenta con las grandes autoras del XIX inglés, hijas intelectuales de Mary Wollstonecraft / Shelley, se llamasen Jane austin o Emily Bronte.

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Aunque toda su obra teórica y de ficción es relevante, hay un texto suyo que los estudios literarios han resaltado siempre por su importancia histórica: La cuestión palpitante. Este breve pero profundo ensayo es fundamental para la historia de la literatura hispana por el papel que jugó en la introducción  de un nuevo estilo literario que se expandía por Europa y como estímulo al debate sobre su ideario y posibilidades artísticas. Esa escuela fue llamada Naturalismo y su lema podría ser aquella frase de Émile Zola que indica que "la novela debería ser como un espejo colocado a lo largo del camino".

Bajo un contradictorio influjo naturalista pero siempre desde su particular catolicismo y personal criterio, la autora escribió también su novela La madre naturaleza (una de las cumbres de la autora,  junto a los Pazos de Ulloa) en la que une a su no siempre obvia pero constante espiritualidad los principios del positivismo y su plasmación literaria, iniciada años antes por Émile Zola. 
Quizá la gran aportación del Naturalismo a la literatura y posteriormente al cine es la idea de que, mientras la escritura no literaria puede llevar desde la realidad a la mentira, la literatura debe conducirnos desde la ficción hasta alguna clase de verdad, porque la novela -igual que el periodismo- "debería ser como un espejo colocado a lo largo del camino".


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Si hubo alguna vez un naturalismo español, está aquí, en las páginas escritas por esa peculiar mujer que fue rechazada en la Real Academia Española por autores como Valera, Palacio Valdés o Pereda, figuras que fueron grandes en su tiempo pero cuyo tamaño intelectual y literario no deja de menguar con el paso del tiempo hasta instalarse entre los clásicos menos leídos. 
Y no es de extrañar, si observamos que algunos de los argumentos para su académico rechazo eran de tanta altura como acusarla de extranjerizante (por salir del ensimismamiento provinciano y ejercer la curiosidad intelectual), de pornográfica (por mostrar abiertamente los sentimientos, pensamientos y ombligos de sus personajes, fueran masculinos o femeninos) o en escala descendente (ya renunciando a pensar, desde el barro y ad hominem) porque, como apuntó uno de aquellos censores, al estilo Trump e insultando su corpulencia "su trasero no cabría en un asiento de la RAE". 
Imagen tomada de Twitter
(oh, no, otra vez el tipo raro coronando misses... abre este enlace, déjalo sonando de fondo, vuelve a este punto del blog y comprobarás que hoy tiene el día psychobilly)

Perdió Trump y así se puso.
CASUAL: DIGANLE A DONALD TRUMP QUE NO PIENSO ASISTIR AL MISS UNIVERSO  - Meme TERESA

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95Amor : Te Amo Y Te Amare Hasta Que Estemos Viejitos, Te Amo Gorda Bella - by AlejandroAudiocars
 (- No eres gorda, eres bella
  - Sí, de hecho soy las dos cosas)

Apenas una anécdota grotesca si se considera que, durante esos años, en una de las penúltimas piruetas de su agitada vida literaria, su primero referente, luego amante y tal vez al fin discípulo Benito Pérez Galdós absorbió algunos de aquellos planteamientos aportados por ella y plasmó esa influencia en las novelas de su llamada etapa espiritualista


Reconocida finalmente como una cima de la literatura española, los periódicos (que siempre es mejor leer que no leer, aunque, como aristócratas provincianos de la Restauración decidan a veces alejarse de aquella acorralada burguesía progresista), consideraron su muerte motivo de duelo nacional. 
Emilia fue sepultura en la Iglesia de la Concepción de Madrid y cinco años después se erigió en su honor una estatua en la calle Princesa, muy cerca de su domicilio. Entre 1923 y 1925 se publicaron póstumamente La literatura francesa moderna, Vol. IV, Cuentos de la tierra y Cuadros religiosos.


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Actualmente es reivindicada tanto por los historiadores de la literatura como por el feminismo y, en internet, el Centro virtual Cervantes mantiene un portal temático dedicado a su figura en el que se puede profundizar en su vida, leer sus obras, consultar estudios y (h)ojear documentos históricos: un buen plan cuando llega el frío, no se puede leer literatura y la prensa no hay quien la lea.


(Para no ser acusados de desinformar o algo peor, aclaramos que  hemos añadido este meme -los memes aún no están prohibidos- con una finalidad puramente humorística, no para lesionar la intimidad ni el honor de ninguna persona física o jurídica, ni mucho menos para reflejar la realidad como un espejo en un camino, porque esto no es una novela ni un periódico sino apenas una entrada homenaje a Emilia Pardo Bazán.


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